La cultura audiovisual juega un papel central en la forma en que las sociedades construyen imaginarios colectivos, modelos de conducta y perciben la libertad. En un mundo globalizado ya no sólo exportamos productos físicos también se exporta nuestra cultura y la forma en la que vemos el mundo. Las películas, series y obras de animación se han convertido en vehículos esenciales para transmitir esos valores y principios. Surge entonces una cuestión fundamental: ¿es la cultura existente la que da forma a los contenidos audiovisuales, o son estos contenidos los que terminan moldeando la cultura
Probablemente ambos procesos se retroalimentan. La producción cultural responde a valores ya arraigados en la sociedad, pero al mismo tiempo los productos audiovisuales pueden crear nuevas percepciones, consolidar o perpetuar creencias y pueden incluso introducir nuevas formas de entender el mundo. Resulta interesante analizar qué principios culturales se esconden detrás de estas narrativas y cómo influyen en la sociedad que los consume. El caso del anime japonés, con ejemplos generalmente conocidos como Naruto y Dragon Ball, ofrece una buena oportunidad para estudiar cómo la cultura del esfuerzo, profundamente establecida en la cultura Japonesa, se ha internacionalizado y ha cautivado a millones de jóvenes y adultos en todo el mundo, incluido en España. Este artículo compara la cultura japonesa y la española y examina cómo estas diferencias se reflejan en los contenidos audiovisuales que producen, así como su relación con algunos valores centrales del liberalismo cultural.
Diferencias culturales
La cultura japonesa tiene una ética social marcada por la disciplina, la responsabilidad personal y la perseverancia. Conceptos como ganbaru “esforzarse incluso ante la adversidad” y kaizen “mejora continua” impregnan su vida laboral y social. Promoviendo una cultura de disciplina, búsqueda de superación y una gran valoración del mérito.
España, por su parte, posee una tradición cultural más enfocada en la sociabilidad, la espontaneidad, el humor y la adaptabilidad. Su identidad audiovisual partiendo desde las comedias hasta los dramas sociales. Esto se puede ver reflejado claramente en España en series como Aida y La que se avecina. Aunque es cierto que actualmente existe una presencia creciente de historias de esfuerzo, el contenido español suele explorar más el realismo social, la interacción comunitaria y la resolución de conflictos desde una perspectiva colectiva o afectiva.
Diferencias en el estilo de producción audiovisual
La distancia cultural entre ambos países genera dos estilos narrativos: Japón produce obras que exaltan la mejora personal continua y la superación personal, mientras que en España produce obras que destacan el ingenio, la crítica social y la interacción humana. Estas diferencias explican por qué series como Naruto o Dragon Ball han tenido un impacto tan profundo en audiencias españolas. Las series de superación ofrecen a los espectadores un marco simbólico distinto, donde la responsabilidad individual y la autodeterminación tienen un papel central. Para muchos jóvenes y adultos españoles, estas obras han sido la primera exposición a una cultura que coloca el esfuerzo personal como clave para alcanzar sus sueños u objetivos, una idea muy cercana al liberalismo cultural.
Liberalismo cultural
La cultura liberal se basa en principios como la libertad personal, la responsabilidad individual y la idea de que el mérito es la base legítima del progreso. Desde esta perspectiva, los contenidos que ensalzan el esfuerzo, la autonomía y la autodeterminación contribuyen a una sociedad más consciente de su propio potencial, creando una sociedad menos dependiente, menos conformista y que valora el esfuerzo de los demás.
El anime japonés se ha convertido en un ejemplo claro de cómo una industria cultural puede exportar valores compatibles con el liberalismo, incluso sin una intención política directa. A diferencia de otras narrativas más centradas en factores externos (suerte, origen, privilegio), más típicas de series o películas occidentales como Superman, estas obras sitúan al individuo como protagonista y agente de su destino. Naruto y Dragon Ball como exportadores globales de la cultura del mérito Naruto encarna la idea liberal de que la igualdad de oportunidades (no la igualdad de resultados impuesta) permite que cualquier individuo prospere si se esfuerza lo suficiente. Su ascenso como ninja no depende de privilegios, sino de su voluntad y esfuerzo para asumir la responsabilidad del cargo al que aspiraba. Goku representa la libertad radical de perfeccionarse, sin depender de instituciones o estructuras sociales. A través de la competencia amistosa y el entrenamiento, la serie proyecta una visión del progreso basada en cuestiones tales como: El mérito, la libertad de elección, la competencia abierta y la búsqueda de la excelencia.
Conclusión
Si aceptamos el símil nutricional de que “somos lo que comemos”, entonces lo que vemos en televisión no es mero entretenimiento, sino que configura la forma en que pensamos, sentimos y actuamos en sociedad. Cuando una cultura abraza narrativas centradas en la responsabilidad personal, la autodisciplina y el mérito (como las que transmite gran parte del anime japonés) alimenta nuestra mente, moldeando nuestra visión del mundo, nuestras aspiraciones y nuestro sentido de la libertad.
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