Murray Rothbard fue un intelectual, investigador, profesor y activista muy influyente e importante en el ámbito del liberalismo anarcocapitalista de la Escuela Austriaca de economía. Su objetivo intelectual fue producir un sistema de estudio y defensa de la libertad que incluyera todas las humanidades o ciencias sociales, sobre las cuales fue un gran erudito: economía, historia, historia del pensamiento, filosofía política, filosofía moral y del derecho.
Como activista estableció alianzas primero con la nueva izquierda en los 60, pero acabó acusando a los liberales de izquierdas de nihilistas enloquecidos que querían destruir todas las instituciones sociales, no solo el Estado. Rothbard no era religioso y se declaró agnóstico y ateo, pero rechazaba la hostilidad contra la religión. Se asoció después con la vieja derecha conservadora contraria al Estado, la guerra y el intervencionismo militar: de esta unión surge el paleolibertarismo, una combinación del liberalismo económico y político con el conservadurismo cultural.
Cuentan quienes lo conocieron que era una persona muy simpática, impactante y con mucho carisma, y sus ideas generan mucho entusiasmo entre sus seguidores. Contribuyó a la creación y a la actividad de múltiples organizaciones, como Center for Libertarian Studies, Cato Institute, Mises Institute, Volker Fund, Institute for Humane Studies, Libertarian Party. Acabó apartándose de casi todos y enfrentado a ellos: solo continuó trabajando con el Mises Institute dirigido por su amigo y colaborador Lew Rockwell.
Hace muchos años yo fui muy rothbardiano. Cuando ya existía Internet pero aún no había redes sociales como las actuales, sino solamente correo electrónico, bitácoras (blogs) y sus agregadores, Daniel Rodríguez Herrera, el responsable de liberalismo.org y Red Liberal, me puso sin consultarme “rothbarin” como alias o nombre de usuario . Yo era muy entusiasta de Rothbard, muy austriaco, muy radical y muy ancap. Había sido (creo) el primer español en asistir a la universidad de verano del Mises Institute y leía frecuentemente sus artículos diarios. La lectura de “La ética de la libertad” en el seminario de Jesús Huerta de Soto durante un año fue una experiencia interesante que provocó múltiples y animados debates. Yo era ciemporcientista, aunque reconociendo que no sabía apenas nada de teoría monetaria, de banca, de finanzas, de contabilidad: solo había leído a Jesús Huerta de Soto y a Murray Rothbard y sus argumentos me parecían convincentes. (Ahora sé que son profundamente falaces y que sirven como indicador de ignorancia sobre estos temas.)
Mi opinión actual sobre Rothbard y los rothbardianos es muy crítica. Entiendo el entusiasmo juvenil, porque lo he vivido al menos en parte, pero con el tiempo he visto múltiples errores y problemas con sus ideas y en el movimiento en torno a su figura. Algunos aspectos de su obra son muy valiosos, otros son problemáticos o discutibles, y unos cuantos son no solo erróneos sino altamente tóxicos, por nocivos y contagiosos. En este artículo quiero enfatizar los problemas y errores.
Fundamentalismo integrista de la praxeología
Los rothbardianos lo analizan todo desde el punto de vista de la praxeología y solo aceptan como válida la metodología apriorístico deductiva, rechazando el método científico habitual, hipotético deductivo, porque aseguran que es inválido para las ciencias sociales. Solo aceptan el razonamiento lógico deductivo a partir de premisas necesariamente verdaderas como método de obtención de conocimiento cierto y absolutamente seguro. Sin embargo esta metodología es limitada y puede fomentar un sectarismo intransigente.
Como su maestro Ludwig von Mises, Rothbard defiende que el fundamento o núcleo de la ciencia económica es la praxeología, el análisis apriorístico, formal y lógico de la acción humana intencional con una metodología apodíctico deductiva: partir del axioma absoluto, verdadero, cierto, tautológico e irrefutable de que el ser humano actúa, añadir algunas hipótesis auxiliares y deducir teoremas o leyes económicas de validez universal, que no necesitan ser comprobadas o validadas por ningún dato, por análisis empíricos, observaciones, experimentos o análisis estadísticos, y que no pueden ser refutadas porque son necesariamente verdaderas por cómo se han generado.
Esta metodología, más filosófica que científica, es útil para entender aspectos formales de la conducta intencional y la lógica de la elección, pero no es la única herramienta intelectual posible y tiene varios problemas o limitaciones:
-Como todo procedimiento deductivo, no produce conocimiento empírico nuevo no incluido ya en los axiomas, premisas o hipótesis auxiliares de partida, sino que solo desarrolla o explicita las implicaciones lógicas y formales de la acción intencional.
-Las leyes económica deducidas pueden ser poco informativas porque son solamente cualitativas, ordinales, o de tendencia, pero no están cuantificadas, no expresan cuál es la intensidad de la causa o del efecto y con qué velocidad se produce la interacción: falta el cuánto y el cuándo. Si queremos tener esta información más detallada o precisa la metodología puramente lógica y verbal no sirve. Si estudiamos fenómenos con varias causas y efectos, no podemos compararlos, sumarlos o restarlos. Algunos efectos pueden ser reales pero tan pequeños o lentos que resultan irrelevantes. El praxeólogo se defiende asegurando que no tiene sentido cuantificar ciertas cosas (como las utilidades subjetivas, que no se pueden medir, comparar o agregar), o que en la realidad no existen relaciones cuantitativas constantes entre variables económicas porque todo cambia constantemente, o que aunque existieran sería imposible conocerlas por problemas de complejidad y falta de información. En vez de enfatizar que ciertas cosas son problemáticas o difíciles, afirma sin más que son imposibles, y asegura que ciertas cosas o relaciones no existen o no pueden conocerse cuando no ha hecho ningún esfuerzo o intento, por limitado que sea, para conocerlas, aunque sea de forma imperfecta.
-El praxeólogo solo usa datos, casos, ejemplos particulares o anécdotas para ilustrar de forma didáctica o para demostrar que tiene razón, y en este caso además afirma que no hacía falta usar los datos porque ya sabía que tenía razón. También afirma que si alguien utiliza y analiza datos ya no está haciendo teoría económica sino historia, o es un economista aplicado pero no teórico, o es un empresario. Para él solo es válida la alta teoría de las afirmaciones abstractas absolutamente ciertas. Tal vez prefiere realizar afirmaciones rotundas de las que se siente muy seguro y espera que nadie pueda contradecirle en una discusión, a explorar la realidad desconocida con humildad mediante hipótesis, observaciones y experimentos, arriesgarse a equivocarse e intentar obtener nuevo conocimiento falible de una naturaleza diferente al meramente deductivo. Se refugia en la razón abstracta, en su propia mente, en lo que puede pensar con certeza sin necesidad de hacerse nuevas preguntas y mancharse las manos con la realidad. Si el conocimiento no es perfectamente cierto no le interesa: tal vez no entiende que saber algo de forma imperfecta, por ejemplo en forma de estimaciones o probabilidades, puede ser mejor que no saberlo de ningún modo. Es posible abusar al confiar demasiado en los modelos, en los análisis de datos, pero también es posible abusar por desconfiar demasiado de ellos. Es posible abusar de las matemáticas, y de las simplificaciones, pero también es posible utilizarlas bien, siendo conscientes de su potencia y de sus limitaciones. Y es posible abusar de no usar matemáticas, de no usar datos, de no usar modelos, de no hacer análisis estadísticos. La realidad no se conoce exclusivamente pensando mediante argumentos deductivos a partir de axiomas verdaderos. También hay que observar, experimentar, obtener datos, lanzar propuestas tentativas arriesgadas e intentar confirmarlas o refutarlas. El conocimiento inductivo puede ser valioso sin ser completamente seguro, y el conocimiento deductivo puede ser o parecer muy seguro pero ser una herramienta muy limitada.
-Los praxeólogos son una reducida minoría que rechazan lo que hacen la inmensa mayoría de los economistas: ir más allá de la mera deducción, proponer hipótesis y contrastarlas, cuantificar, medir, usar modelos matemáticos, observar, experimentar, avanzar, progresar. Para los praxeólogos todos los demás economistas, que son la inmensa mayoría de la profesión, estarían profundamente equivocados. No es extraño que muchos economistas consideren que los austriacos como Rothbard hacen economía literaria, filosofía, o incluso pseudociencia. Es cierto que algunos modelos económicos pueden basarse en simplificaciones problemáticas o quizás excesivas (constancia, equilibrio, homogeneidad de agentes, un solo bien, un solo periodo, o periodos infinitos), pero estas simplificaciones tal vez sean aproximaciones útiles cuya validez no puede descartarse a priori sino que debe valorarse según lo que los modelos consigan explicar y predecir. Modelos simples imperfectos pueden servir de base para desarrollos futuros mediante modelos más complejos que representen la realidad de forma más completa y precisa. También es cierto que los datos pueden ser escasos y las mediciones pueden ser discutibles, poco fiables o tener errores: la ciencia avanza con más o mejores datos para contrastar más y mejores leyes y teorías. El praxeólogo se encierra en su mundo de teoría ideal y renuncia a participar en este proceso de avance científico. A menudo incluso critica modelos o técnicas que desconoce o apenas conoce porque la única economía que ha estudiado es la de la Escuela Austriaca. Tal vez algunos praxeólogos no son especialmente competentes en la producción y solución de modelos matemáticos y en la obtención y el análisis estadístico de datos, y por eso los rechazan.
-En la lógica formal pura las deducciones son procesos mecánicos simples que no requieren conocer los significados de los símbolos utilizados, pero en la praxeología se emplea el lenguaje natural, el cual incluye términos cuyos significados pueden no estar claros o sobre los cuales puede haber desacuerdos. Por ejemplo qué es dinero, qué es inflación, qué es un banco. La lógica formal clásica utiliza clases o categorías discretas, perfectamente delimitadas, y proposiciones sobre estas a las que se les asignan uno de dos valores (0, 1), (verdadero, falso), (blanco, negro), sin matices o escalas de grises (es bivalente o bivaluada). El mundo real quizás no es así, tal vez no se representa adecuadamente con esta herramienta intelectual sino que puede requerir lógica continua o difusa, con límites o transiciones graduales y valores continuos de atributos como verdad o falsedad.
-La lógica deductiva es frágil en el sentido de que un solo error en un paso invalida todo lo que dependa del mismo, y tal vez ese error sea difícil de detectar y más probable en estructuras complejas de inferencia. La contrastación externa de las teorías y leyes con datos empíricos permitiría advertir de algún problema, pero al praxeólogo solo le interesa la coherencia o consistencia interna de sus ideas.
-Los praxeólogos suelen tener una comprensión muy pobre de la psicología: para ellos por un lado está la praxeología como estudio formal de la acción intencional, y por otro la timología como estudio de las motivaciones de la acción intencional, las preferencias, las valoraciones, las emociones, que marcan los objetivos a alcanzar. Esta división de la mente es una simplificación excesiva.
-Como la praxeología solamente estudia la acción intencional, planificada, con elecciones conscientes, reflexivas, ignora por completo otras formas de control de la acción, como las reacciones, los automatismos, los hábitos irreflexivos, las conductas inconscientes, como si no existieran, no fueran importantes o no tuvieran ninguna relación con la economía, como si no consumieran recursos escasos o no tuvieran consecuencias. Como la intencionalidad o teleología es casi su única herramienta conceptual, tienden a abusar de ella e interpretan como intencionales acciones o fenómenos que en realidad no lo son, y tienen tendencia a ser conspiranoicos. Además los praxeólogos suelen afirmar que la acción intencional es el rasgo principal o único de la naturaleza humana, lo que nos distingue de otros seres vivos, basándose en concepciones filosóficas o metafísicas muy básicas y primitivas (el animal racional) muy superadas por la ciencia moderna. La realidad de la naturaleza humana es más rica y compleja.
-Sobre la racionalidad los praxeólogos afirman acertadamente, contra teorías de información o racionalidad perfectas, que es limitada, imperfecta, acotada. Mencionan el conocimiento instrumental de relaciones entre medios y fines, pero no suelen conocer en profundidad problemas cognitivos como los sesgos sistemáticos, el engaño, el autoengaño, las creencias absurdas como señales honestas costosas de pertenencia leal y comprometida a grupos, y el uso parcial y manipulador de la razón para la justificación y la persuasión en las interacciones sociales.
-Los rothbardianos solo usan el lenguaje natural, presuntamente con rigor, pero con cierta frecuencia abusan de él con arbitrariedades, falsedades o simplificaciones ridículas: algunos aseguran que la inflación es la producción de dinero; que los bancos son almacenes de dinero; que una cuenta bancaria es un contrato de depósito de guarda y custodia; que la reserva fraccionaria es un fraude; que la política es el robo institucionalizado; que los impuestos son un robo; o que el Estado es el mal, una organización criminal, y que tienes que odiar al Estado. Desprecian la hermenéutica y no tienen un conocimiento científico del lenguaje, sus problemas y limitaciones.
-Los rothbardianos aseguran ser científicos, o incluso los únicos auténticamente científicos en el ámbito de las ciencias humanas y sociales, pero la actitud científica se basa en el escepticismo, en dudar, en desconfiar, en no ser crédulo, en poner a prueba las ideas intentando refutarlas, destruirlas, y no solamente apoyarlas o reforzarlas. Es común en ellos mostrar un fuerte sesgo de confirmación, tenerlo todo muy claro, estar muy seguro de sí mismos, tener opiniones muy extremas y muy firmes, y no tener dudas o dejar cuestiones abiertas.
-En el ámbito de la Escuela Austriaca más orientada a la praxeología es relativamente frecuente encontrar trabajos de presunta investigación de ínfima o nula calidad: se limitan a explicar qué es la acción intencional, recuerdan que las preferencias son subjetivas, repiten los tópicos habituales de la escuela, no añaden nada nuevo y enfatizan que hay que seguir “investigando” y “profundizando” en la subjetividad y la teleología.
-Los fundamentalistas de la praxeología creen que son los únicos que reconocen o enfatizan ideas esenciales de la realidad económica, y frecuentemente caricaturizan a otros economistas como ignorantes o incompetentes. La realidad es que ideas como subjetividad, desequilibrio, dinamismo, complejidad, heterogeneidad, órdenes espontáneos, problemas de conocimiento, información imperfecta y dispersa, procesos de búsqueda y descubrimiento, empresarialidad, son utilizadas en mayor o menor medida por economistas no austriacos.
Individualismo metodológico patológico
Según el individualismo metodológico los fenómenos sociales deben explicarse a partir de las conductas de los individuos. Esto es parcialmente cierto: en sistemas complejos los fenómenos de nivel superior de agregación u organización son resultado de las acciones o interacciones de los elementos componentes en niveles más bajos. Todo lo social consiste, a un nivel más fundamental, en individuos y sus relaciones o interacciones.
Esta perspectiva intelectual tiene varios problemas:
-Las acciones individuales pueden ser no intencionales, como reacciones, reflejos, automatismos, hábitos, algo que el praxeólogo no contempla. Por ejemplo las conductas de imitación o copia, base de la cultura, pueden ser inconscientes; el lenguaje, forma fundamental de interacción social, tiene aspectos de conducta reactiva, automática, espontánea, no planificada. No es solo que la acción intencional tenga efectos imprevistos, no deseados, no diseñados, como se dice al hablar de las instituciones sociales evolutivas como el dinero, el lenguaje y el derecho. Es algo más básico, que la intencionalidad no es la única forma de control de la acción.
-La sociedad está formada por individuos, pero estos pueden agregarse o integrarse en grupos, colectivos, organizaciones, entidades emergentes de las cuales tiene sentido decir que existen y actúan, incluso que tienen intereses y toman decisiones. Los individuos tienen intencionalidad individual, y los grupos de individuos tienen intencionalidad compartida. Es absurdo estudiar los fenómenos sociales negando que existan niveles intermedios, o no utilizándolos en las explicaciones, pero algunos dicen cosas como que el Estado no existe o que la sociedad no existe. Existen los árboles, y existen los bosques; existen los jugadores y existen los equipos deportivos; existen los soldados y existen los ejércitos; existen los ciudadanos y existen los países; existen los trabajadores y existen las empresas. Igual que los individuos tienen personalidad e identidad, también los grupos pueden tener identidad y personalidad.
-Si la sociedad es producto de los individuos, los individuos son también producto de la sociedad: aprenden de ella, reciben su cultura, su identidad, parte de sus preferencias y de sus actitudes, de otros individuos y una sociedad organizada. Cada individuo actúa, tiene agencia, pero lo hace influido por otros individuos y por estructuras sociales persistentes que condicionan sus decisiones.
-Si el individualista metodológico quiere ser reduccionista, podría no parar con el organismo humano, sino entenderlo como un sistema complejo compuesto de múltiples subsistemas, órganos, tejidos, células, y sus interacciones.
Fundamentación filosófica (metafísica) y desconexión de las ciencias naturales
La praxeología suele fundamentarse en la filosofía, que indica que existe la intencionalidad, la teleología: la causa final, además de las causas eficiente, material y formal. La acción humana se toma como axioma de partida, pero no se investiga cómo es posible que exista la conducta intencional en un universo material físico de interacciones causales. La mente humana puede llegar a parecer algo misterioso, mágico, inexplicable, sobrenatural, milagroso. La Escuela Austriaca atrae a mucha gente de letras, de humanidades, que no saben apenas nada de ciencias naturales, y que pueden llegar a creer que lo humano y lo natural son ámbitos desconectados o independientes. También atrae a creyentes religiosos que quieren ver el libre albedrío, la consciencia y la moralidad como dones divinos. O que incluso quieren introducir a Dios en las investigaciones científicas. Son interesantes las acusaciones de cientismo, cientifismo o cientificismo realizadas por personas que apenas tienen conocimientos científicos.
La metafísica tomista, típica entre praxeólogos, es un esquema de pensamiento esencialmente obsoleto, estéril, superado por la ciencia, rígido, y que impide o dificulta el pensamiento evolutivo. Da una sensación de certezas absolutas y profundas sobre la realidad, cuando en realidad solo es una forma cuadriculada y precientífica de pensar y hablar sobre la realidad, frecuentemente con la intención de argumentar a favor de creencias religiosas.
La idea de consiliencia indica que todos los ámbitos de la realidad están conectados, y las diferentes ciencias que los estudian pueden unirse unas con otras. Las ciencias naturales, como la física, la química, la biología, la evolución, la cibernética, la ciencia cognitiva, la psicología, la neurociencia, las ciencias de la información y la computación, pueden explicar la acción intencional como un fenómeno natural.
Seguramente debido a su falta de formación científica, con cierta frecuencia los fanáticos de la praxeología caen en diversas conspiranoias y pseudociencias que reflejan credulidad e ignorancia: negacionismo de la evolución, creacionismo, diseño inteligente, pseudoterapias, charlatanerías y conspiranoias varias, negacionismo del cambio climático antropogénico, negacionismo de las vacunas. Ejemplo importante de esto es el proyecto personal de Lew Rockwell, principal colaborador de Rothbard, lewrockwell.com, que es un estercolero intelectual.
Sectarismo y conservadurismo reaccionario tradicionalista
Una parte importante de los rothbardianos son muy sectarios. En lugar de tender puentes hacia otras escuelas de pensamiento económico suelen enfatizar las diferencias e incompatibilidades. Las críticas de Rothbard contra gigantes del pensamiento liberal como Adam Smith, Friedrich Hayek o Milton Friedman son fuertemente sesgadas, hiperbólicas y disparatadas. Sus seguidores se han convertido en una secta muy minoritaria basada en los dogmas de la praxeología, el anarcocapitalismo y el ciemporcientismo: solo ellos son puros, sabios y buenos. Otros son ignorantes, o tibios socialdemócratas, o estatistas, o están vendidos al sistema.
Rothbard escribió una sátira contra los acólitos objetivistas de Ayn Rand (“Mozart Was a Red”) y un ensayo sobre su sociología: eran dogmáticos y sufrían de culto a la personalidad. No se dio cuenta de que estaba describiendo también a sus propios acólitos, abducidos por su carisma y por su presunta sabiduría sin límites ni errores.
Igual que Rothbard acabó rechazando a casi todos los demás liberales y recibiendo el mismo rechazo, sus alumnos y seguidores como Hans-Hermann Hoppe y su entorno rechazaron organizaciones más abiertas y plurales como la Sociedad Mont Pélerin y se refugiaron en el Mises Institute (con el cual Hoppe recientemente ha tenido serios problemas) y en la Property and Freedom Society.
Actualmente los rothbardianos están fuertemente sesgados hacia la derecha o incluso la extrema derecha política. Rothbard defendió causas progresistas como la legalización de las drogas, el aborto y la eutanasia, pero muchos de sus seguidores actuales tienen posturas antiliberales sobre estos temas. Rothbard inicialmente defendió el libre movimiento de personas, como su maestro Ludwig von Mises, pero el trabajo de su alumno Hans-Hermann Hoppe le llevó a posturas contrarias a la libre inmigración. Este aspecto lo ha hecho popular entre ciertos nacionalistas conservadores, derechistas, reaccionarios, populistas, creyentes religiosos tradicionalistas, carlistas, falangistas, diversos fanáticos antisistema, y en algunos casos supremacistas blancos, racistas, xenófobos, antisemitas, filofascistas y filonazis. Su crítica al Estado es aprovechada por tradicionalistas reaccionarios que rechazan la Ilustración y la democracia liberal y defienden e idealizan el feudalismo, la monarquía y la religión cristiana. El mismo Rothbard fue amigo de revisionistas históricos y negacionistas del Holocausto como Harry Elmer Barnes, y recomendó métodos populistas de activismo como los de David Duke, líder del Ku Klux Klan.
Anarcocapitalismo obsesivo
El anarcocapitalismo es una filosofía política radical interesante, pero Rothbard y sus seguidores solo saben defenderlo de forma obsesiva y no pueden o no quieren ver sus posibles problemas. Su concepción de la política y del Estado son muy simplistas y sesgadas y parecen muy sólidas pero están basadas en definiciones problemáticas o directamente tramposas. Rothbard criticaba mucho al Estado, especialmente al suyo propio, los Estados Unidos, pero sus análisis geopolíticos a menudo podían ser aprovechados por regímenes autoritarios mucho peores.
(Este es un tema que merece un tratamiento más profundo.)
El escandaloso ridículo intelectual del ciemporcientismo
La total confianza en su presuntamente infalible epistemología contrasta con los muy graves errores que Rothbard comete al criticar la reserva fraccionaria de la banca en sus análisis del dinero, el crédito y los ciclos económicos, asegurando que es un fraude y la causa de los ciclos económicos. Representa erróneamente a los bancos como almacenes de dinero, no entiende la naturaleza de la relación contractual entre cliente y banco, se inventa la historia acusando a orfebres y banqueros de estafadores, y desconoce la teoría de la liquidez y los problemas de descalces de plazos y riesgos, que son los auténticos causantes de la fragilidad de la entidades financieras. Son errores tan graves que son escandalosos, pero aun así gente presuntamente informada sobre cuestiones económicas sigue repitiéndolos: muy probablemente son creencias absurdas que sirven como señales honestas costosas de pertenencia leal a la secta
(Este es un tema que merece un tratamiento más profundo.)
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