Desmontaje del Eje Izquierda-Derecha frente al Nacionalsocialismo
“Extrema derecha” es lo que suelen decir en radio, televisión o redes sociales para calificar al movimiento nacionalsocialista, ¿Se han preguntado esas personas qué hace a un movimiento "extremista" o "de derecha"? ¿Han cuestionado tales afirmaciones?
Simplificar el nacionalsocialismo a la dicotomía izquierda-derecha mediante un modelo lineal o binario resulta analíticamente insuficiente para explicar su complejidad y profundidad. A diferencia de quienes ven al nacionalsocialismo como un paroxismo conservador, propongo una tesis de partida: fue un colectivismo totalitario que subordinó la economía, la razón y el individuo al primado absoluto de la política. En ese sentido, es útil evaluar las fisuras del espectro tradicional, para ello analizaremos la perspectiva praxeológica del individuo y la economía de mercado, que permitirá desmontar su epistemología polilogista.
Antes que nada, es crucial señalar que el sesgo de las etiquetas políticas actuales impide comprender la singularidad del nacionalsocialismo. Hoy, la "derecha" se asocia al conservadurismo, capitalismo y jerarquía; la "izquierda" con igualitarismo, internacionalismo y colectivismo. En esta visión simplificada, una es la antítesis de la otra.
Derecha
La “derecha” tradicional de los años veinte y treinta en Europa se definía por su lealtad a la monarquía, la nobleza y a una sociedad rígidamente estratificada. El nacionalsocialismo, en cambio, era un movimiento revolucionario, plebeyo y antidinástico. Particularmente, Adolf Hitler despreciaba el orden social heredado y a las casas reales, pues pensaba que eran producto de una “política familiar, egoísta y violenta” y que “Alemania no puede volver a ser feliz más que bajo sus Casas reinantes” (Kaiser, 2020, p. 160).
Aunque ambas rechazaban el igualitarismo marxista, la derecha conservadora y el nacionalsocialismo diferían en su concepto de jerarquía. La primera defendía una jerarquía estática (basada en la cuna, tradición o riqueza); el nacionalsocialismo, en cambio, promovía una jerarquía dinámica y meritocrática fundamentada en el darwinismo social y la creencia en la desigualdad natural, donde la fuerza y la capacidad superior otorgan un privilegio a nivel individual y racial (Hitler, 1925). Para Hitler y sus ideólogos, la “sociedad de consumo liberal-capitalista” que otorgaba estatus a quien tenía “manos cuidadas y buen vestir” o riquezas materiales era repudiable porque se basaba en la idolatría al dinero que termina calificando al hombre en función de sus posesiones en lugar de sus valores (Meystre, 1934, p. 14). El nacionalsocialismo buscaba eliminar las clases sociales para unificar a la comunidad mediante un modelo meritocrático. ¿Es la jerarquía algo exclusivo de la derecha? No. Si bien la izquierda teórica predica el igualitarismo, en la práctica (como en el bolchevismo soviético o el chavismo venezolano) construye sistemas de dominación jerárquica implacables mediante la vanguardia del partido, la "dictadura del proletariado" y la burocracia estatal. El totalitarismo, sea de clase o de raza, siempre requiere una jerarquía rígida para ejecutar su planificación central.
En el ámbito de la propiedad privada existe una divergencia instrumental. Para la derecha conservadora y el liberalismo clásico, la propiedad privada es un derecho absoluto y representa un límite infranqueable frente al poder del Estado. El nacionalsocialismo reconoció la propiedad privada de iure, pero destruyó su esencia al condicionarla absolutamente al servicio del Estado. Bajo el lema “el bien común antes que el propio”, el régimen estableció que la propiedad privada sólo se toleraría si servía a los fines comunitarios: Feder establecía que el Estado tenía el “derecho de intervención y, en ciertos casos, de confiscación sobre la propiedad mal administrada” o que contradecía al bienestar general (Reinhold Hermann & Ritsch, 1934, p. 28). A esta fachada vacía de contenido Mises (1944) la llamó Zwangswirtschaft y se materializó en diversos eventos como p.ej. las siguientes confiscaciones mediante el monopolio de Reichswerke Hermann Göring y los fideicomisos (Treuhand):
- fábrica de Aviación Junkers ;
- industrias Fritz Thyssen;
- yacimientos privados de hierro;
- sindicatos alemanes;
- propiedades judías (proceso de arianización).
- Durante la ocupación: empresas en Austria, Checoslovaquia, Polonia, Francia, Luxemburgo, Bélgica, Rumanía, Países Bajos; y el complejo de Dniepropetrovsk.
Asimismo, si el nacionalsocialismo fuera de “derecha” conservadora tradicional, cualquiera esperaría que tal movimiento establezca su orden moral sobre la religión (especialmente el cristianismo), pero, al contrario, detestaban la limitación que supone la iglesia: si bien reconocían la utilidad práctica —que no su veracidad filosófica— que tiene la religión para el sostén moral de las masas puesto que, para él, «los diversos substitutos [sic] no han probado su eficiencia ni su conveniencia, para que se hubiera podido ver en ellos una provechosa compensación de las creencias religiosas existentes» (Hitler, 1925, p. 163). Hitler advertía tajantemente que jamás toleraría “que, en el Estado nacional, se ponga nada por encima de la autoridad de este Estado. Sea lo que fuere, ¡ni siquiera una Iglesia!”, obteniendo la ovación del público (Kaiser, 2020, pp. 379-380).
Algo similar ocurre con la tradición, pues se suele afirmar que la derecha tradicional siente aprecio por el pasado, las instituciones orgánicas como el derecho natural, pero el nacionalsocialismo era tremendamente constructivista: en un discurso de 1934, Hitler introdujo la justificación del totalitarismo como “verdadera democracia” para sustituir el sistema partidista tradicional; la ingeniería biológica que se materializó en programas de eutanasia (United States Holocaust Memorial Museum, n.d.) para quienes “por ley de herencia, nacieron al lado negativo de la función vital del pueblo”; el rechazo a la tradición intelectual que no se sometía al nuevo orden puesto que “se aparta de todo lo sano y solo lo patológico despierta su interés y recibe su estímulo”; y una propuesta para centralizar las iglesias de todo el país en una Iglesia nacional que muestre respeto al estado nacionalsocialista (Kaiser, 2020, p. 165).
Izquierda
Tanto el nacionalsocialismo como el comunismo marxista compartían un tronco antropológico y económico: el enfrentamiento contra el liberalismo individualista, la civilización burguesa occidental (Hayek, p. 256). Hitler afirmaba sin ambigüedades: “Somos socialistas, somos enemigos a muerte del sistema económico capitalista actual porque explota al económicamente débil con sus salarios injustos, con su valoración del ser humano de acuerdo a la riqueza y la propiedad […] y estamos determinados a destruir ese sistema bajo toda circunstancia”, al tiempo que Mussolini anulaba el individualismo y aceptaba al individuo “sólo en la medida en que sus intereses coinciden con los del Estado”, coincidiendo con Hitler en que es “necesario que el individuo finalmente entienda que [...] la posición del ego del individuo se encuentra condicionada por los intereses de la nación como un todo” (Kaiser, 2017, pp. 104-105).
Aunque el nacionalsocialismo no abolió la propiedad privada de iure, el Estado efectuaba confiscaciones y planificaba la economía no precisamente en una escala menor, como vimos en el apartado anterior. En ese orden de ideas, Hitler afirmó que aprendió mucho del marxismo, resaltando que, en lo político, “todo el nacionalsocialismo está contenido en él”: desde las células de empresa, pasando por la propaganda, hasta desfiles masivos (Kaiser & Álvarez, 2016, p. 20). Como resultado, tal como evidencian Hoeres (2025) y Aly (2008), las ideas se consolidaron en las políticas públicas de Estado de Bienestar que implementó y que pavimentaron el camino de las denominadas reformas “progresistas” de hoy en día:
- vacaciones pagadas, redoblamiento de días libre, y turismo de masas a través de la organización “Fuerza a través de la Alegría”;
- protección laboral;
- bienes de consumo populares;
- préstamos matrimoniales y subsidios familiares (p.ej: Kindergeld);
- reforma fiscal progresiva, aliviando la carga tributaria de familias de bajos ingresos y agravando la de solteros y parejas sin hijos;
- Aseguramiento de granjas frente a la volatilidad del tiempo y de los mercados;
- reforma de pensiones;
- seguro médico obligatorio para jubilados;
- blindaje del salario contra embargos;
- protección al inquilino mediante el congelamiento de alquileres;
- beneficios extraordinarios durante la guerra;
- educación gratuita e igualadora.
Llegados a este punto, alguien podría argumentar que esto no es “verdadero socialismo” porque las políticas públicas no abarcaban a toda la sociedad. A este respecto, cabe destacar que el nacionalsocialismo no es socialismo marxista, así como éste último no es 100% idéntico al socialismo ecológico o al socialismo bolivariano. En ese sentido, reitero que sus similitudes fundamentales pasan por el colectivismo, antiliberalismo, anticapitalismo, primado de la política, la “dictadura de la mayoría”, el carácter mesiánico de varias manifestaciones.
Por lo tanto, esencialmente, sus divergencias radican en el sujeto colectivo que define su respectivo polilogismo. Así, el marxismo se basa en la tensión de clases; el socialismo bolivariano, entre soberanía e imperialismo; el socialismo indígena, entre lo étnico y lo colonial; y el nacionalsocialismo, en la supremacía racial según la cual, denuncia Mises (1944, p. 145), “la estructura lógica de la mente, dicen ellos, es diferente con diferentes naciones y razas. [...] tienen su propia lógica y, por lo tanto, su propia economía, matemáticas, físicas, y así sucesivamente”.
Por tanto, el sinsentido de encasillar al nacionalsocialismo en la “extrema derecha” y, en otro plano, equiparar el término “derecha” con adjetivo “malo”, lleva a muchos a creer que, por consecuencia lógica, la izquierda debe ser buena. Sin embargo, quien levantó a Alemania de las ruinas y desmanteló el sistema nacionalsocialista, ¿fue alguien de “izquierda”?
Ludwig Erhard, el artífice del milagro económico alemán, y quien ocupó los cargos de ministro de economía (1949-1963), vicecanciller (1957-1963), y canciller federal (1963-1966), fue un economista liberal clásico, miembro de la sociedad Mont Pelerin (liberal-libertaria), que edificó sobre las cenizas y ruinas del nacionalsocialismo la reconocida economía social de mercado que conducía a Alemania occidental al éxito, mientras su hermana oriental se despeñaba. Su gestión se caracteriza por los siguientes hechos:
- la derogación del control de precios, de la congelación salarial, y del racionamiento;
- la reforma monetaria que resolvió el problema de la inflación reprimida y la escasez de productos;
- instauración de la economía de mercado basada en la competencia cooperativa, sustituyendo la competencia socio-darwiniana del nacionalsocialismo;
- rechazo al colectivismo y al corporativismo;
- rechazo a la expansión crediticia artificial, argumentando que ello debilitaría la estabilidad monetaria;
- apertura a la competencia internacional;
- firmeza ante los grupos de presión sindicales y gremiales que buscaban imponer controles regulatorios.
- propuesta de un estado de bienestar que interviniera solo cuando el esfuerzo personal no fuera suficiente.
“El cliente volvió a ser el rey; un mercado de compradores comenzó. [...] Ya no se trataba meramente de producir, sino que cada vez más se trataba de producir para el mercado” Ludwig Erhard (1958, pp. 41-42).
Si al lector le resultan conocidas estas características, probablemente sea porque éstas las comparte en cierta medida con Václav Klaus, Javier Milei, o Reagan, entre otros. De suerte que la solución no vino en forma de variantes socialistas, sino más bien capitalistas.
Así las cosas, la esencia del nacionalsocialismo se desvela mediante la explicación del constructivismo totalitario y el primado absoluto de la política, superando el modelo débilmente analítico del eje izquierda-derecha. La razón principal es que este marco integra coherentemente los pilares del régimen: la economía dirigida, el polilogismo, el antiindividualismo, el pragmatismo y la biopolítica. El constructivismo totalitario no es conservador, pues no requiere mantener el statu quo; ni es liberal, requiere que el proyecto de vida de uno converja con un “interés superior”; es una revolución radical que utiliza cualquier dogma (de clase social, nacional, racial, etc.) para justificar el control absoluto de la sociedad.
Aunque se reconozcan diferencias en el sujeto colectivo de movilización, ello no invalida que el nacionalsocialismo y otras variantes de socialismo (como el comunismo) sean especies de un mismo género: colectivismo totalitario. Por tanto, más que encasillar al nacionalsocialismo en la “extrema derecha” de un eje lineal defectuoso, conviene entender el verdadero conflicto histórico se halla entre el totalitarismo coercitivo (y los caminos intermedios que conducen a él) y la civilización liberal, aquella que no condena la individualidad.
Lo que está en juego, en último término, es el dilema de la libertad: si la política es un medio para la coexistencia pacífica o una herramienta de ingeniería social que subordina al individuo, la razón y la propiedad a un colectivo.
References
Aly, G. (2008). Hitler's Beneficiaries: Plunder, Racial War, and the Nazi Welfare State (J. S. Chase, Trans.). Picador.
Erhard, L. (1958). Prosperity through Competition. Econ Verlag Düsseldorf.
Hayek, F. A. (2011). Camino de servidumbre (J. Vergara Doncel, Trans.). Alianza Editorial.
Hitler, A. (1925). Mi Lucha [Publicada por Jusego-Chile en 2003]. Jusego-Chile.
Hoeres, P. (2025). Rechts und links: zur Karriere einer folgenreichen Unterscheidung in Geschichte und Gegenwart. zu Klampen Verlag.
Kaiser, A. (2017). La tiranía de la igualdad: por qué el igualitarismo es inmoral y socava el progreso de nuestra sociedad. Deusto.
Kaiser, A. (2020). Discursos de Adolf Hitler (1933-1938). Alejandro Kaiser.
Kaiser, A., & Álvarez, G. (2016). El engaño populista.
Meystre, F. (1934). Doctrina nacionalsocialista del trabajo (D. Marcos, Ed.). Editorial Kamerad. https://editorialkamerad.wordpress.com/
Reinhold Hermann, A., & Ritsch, A. (1934). La economía en la cosmovisión nacionalsocialista. Círculo de Estudios Tercerposicionista. https://estudiostercerposicionistas.blogspot.com/p/biblioteca.html
United States Holocaust Memorial Museum. (n.d.). Copy of an original letter signed by Adolf Hitler authorizing the T4 (Euthanasia) program. United States Holocaust Memorial Museum. https://encyclopedia.ushmm.org/content/es/photo/adolf-hitlers-authorization-for-the-euthanasia-program-operation-t4-signed-in-october-1939-but-dated-september-1-1939
von Mises, L. (1944). Omnipotent Government. Yale University Press.
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